Creo que todos hemos escuchado alguna vez esa famosa frase: “Dime con “quién andas y te diré quién eres”. Dentro de la sabiduría popular, estas palabras resumen el concepto del efecto que producen aquellos que componen nuestro entorno, y cómo alteran el producto final de nuestro “yo”.

De manera indirecta, tus núcleos definen de forma clara y evidente a lo que aspiras. También hablan sobre ti como persona indirectamente, pues dejan al descubierto aquellas cosas que persigues en la vida, y las que estás dispuesto a aceptar en tu ambiente.

Toma la firme decisión de rodearte de personas que te edifiquen; de cerrarle la puerta a todo ser tóxico que intente entrar a tu núcleo. Pero sobre toda cosa guardada, cuida tu corazón. Si no cuidas tu corazón, corres el peligro de enlazarte emocionalmente con las personas erróneas. Los sentimientos no deben ser menospreciados nunca, pues poseen un ímpetu enorme.

En ocasiones lo que brota del corazón puede ser engañoso, y sobre todo puede drenar la fuente de los manantiales de nuestra existencia. Nunca entregues a ciegas las llaves de tu corazón.

«Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida» (Proverbios 4:23 LBLA).

Considero que desafortunadamente hemos bajado los niveles de exigencia para escoger a nuestros amigos. Muy probablemente por esa razón, constantemente estamos cometiendo errores inducidos por malos consejeros.

Un día, una de mis hijas iba para una nueva escuela. Estaba muy preocupada porque no tenía amigos en dicho plantel escolar, y yo le dije: “Tranquila, que todo va a salir bien, y muy pronto vas a tener amigos”.

Esa tarde cuando regresé a recogerla, venía tomada de la mano con otra niña de la escuela y me dijo: “Papi, ella es mi best friend”. Yo dije: “¿Cómo es posible? Si la acabas de conocer, ¿cómo es que es tu best friend?”. Mi hija obró con la ingenuidad que manifiesta la inmadurez, así como la inocencia de una edad temprana, pero increíblemente, así mismo actuamos los adultos, ingenuamente ante selecciones tan importantes.

Creo que en muchas ocasiones cuando nos toca seleccionar a quienes permi- tiremos dentro de nuestro núcleo, no hemos entendido el peso que trae elegir a nuestros amigos. Son estas personas que permitimos que nos rodeen, quienes pueden atrasar o adelantar el propósito de Dios para nuestra vida.

La pregunta inmediata que surgirá en tu mente es: ¿Cómo puedo descubrir quienes cualifican para ser mis amigos? Te daré la respuesta a esa interrogante. Toda aquella relación que no sume, y no esté en línea con lo que Dios quiere para tu vida, no debe calificar para ser tu amigo.

La Biblia dice que no pueden andar dos juntos si no están de acuerdo. Muchas veces hemos utilizado este texto para predicar respecto a las relaciones sentimentales, tales como el noviazgo y el matrimonio. Pero es importante saber que esta porción escritural se extiende a nuestras relaciones interpersonales, amistades e incluso el área de los negocios, entiéndase con quienes nos asociamos o vinculamos.

Lo antes expuesto es una verdad, porque si las personas con las que nos es- tamos relacionando nos están llevando al camino incorrecto, a darle la espalda a nuestros valores y a Dios, entonces nos estamos dejando arrastrar lejos del plan de Dios para nuestra vida.

«…¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios» (Santiago 4:4 NVI).

Es por esta razón que resulta vital el saber escoger y reconocer bien quién cualifica para ser nuestro amigo, pues tendrá la capacidad de acercarnos o alejarnos de nuestro destino divino en Dios.

Si estás conociendo a una persona que te está llevando a pecar, lejos del plan del cielo para tu existencia, esa persona no puede cali car para ser parte de tu vida como una amistad porque, inevitablemente, tendrás que responder al siguiente planteamiento: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

«¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?».

Amós 3:3 NVI

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