“Lo que pensamos determina lo que somos y lo que hacemos, y, recíprocamente, lo que hacemos y lo que somos determina lo que pensamos”, son palabras de Aldous Huxley, novelista y ensayista inglés. No podemos negar la sabiduría que encierran estas palabras, pues las mismas no son incompatibles con la Palabra de Dios. La Biblia dice en Proverbios 4:23 (TLA): “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida”.

El cielo es el límite para ti, si te has decidido a vivir intensamente, y a vivir más. Independientemente de aquellos capítulos difíciles que has tenido que enfrentar, tu existencia está evidentemente marcada positiva o negativamente por esas decisiones que tomas en tu caminar por esta tierra. De igual forma tus decisiones están sumamente relacionadas a tus pensamientos. Por ejemplo, no podemos evitar que nos golpeen las tormentas de la vida, pero sí podemos decidir cómo las enfrentaremos.

Te contaré que hubo un hombre que fue despedido del periódico Kansas City Star, bajo el alegato de tener falta de imaginación. Este hombre no permitió que este evento cancelara el potencial que él sabía que poseía. Es por esta razón que Walt Disney no se rindió. Este visionario persistió en sus sueños hasta convertirse en uno de los íconos de éxito más importantes dentro de nuestra sociedad moderna.

¿Cuán distinta sería tu vida si tus reacciones comenzaran a cambiar de negativo a positivo?. Estoy seguro que comenzarías a vivir, pero haciéndolo mucho más intensamente de lo que jamás has imaginado.

¿Qué pasaría si al ser despedido de un empleo, en vez de sentarte a llorar, te dieras la oportunidad de descubrirte?. Contemplándote ante la necesidad de sobrevivir, muy probablemente de pronto se despierte en ti el espíritu de un empresario, descubriendo que puedes emprender tu propio negocio.

Es inevitable que la vida nos traiga días grises, pero es nuestra actitud, combinada con nuestros pensamientos, la llave que abre o cierra las ventanas de los cielos.

La ecuación es simple. Ante la adversidad, activas tu fe y le crees a Dios, o activas tus temores y le das la espalda a sus promesas. ¿Por qué dudar de la Palabra de alguien que solo desea tu bienestar?

Para lograr ese cambio de pensamiento, debes girar el timón de tus pensamientos hacia la dirección correcta. Necesitas comenzar a verte con los ojos que Dios te ve. Él te diseñó para planes de excelencia. Él pensó en ti, y se sonrió deleitándose en la simple idea de que serías el reflejo de su imagen en la tierra, depositando en ti pensamientos de bien para hacer el bien.

Tal vez desconozcas que Dios te ha conferido el poder de llevar cautivos tus pensamientos. Por tanto, toma autoridad sobre tu mente, y decídete a meditar en sus promesas. Renueva tu mente por medio de su Palabra; grábala en las tablas de tu corazón.

Abraham Lincoln dijo; “Las personas son tan felices como transforman sus mentes para serlo”.

Te invito a que decidas transformar tus pensamientos. Decide ser feliz; decide renunciar a la tristeza. Decide renunciar a todo lo que hasta hoy te ha detenido de vivir y de vivir más. Atrévete a ir por más. No te conformes.

¿Sabías? Toda acción antes de ser consumada fue una idea o un pensamiento. “Cogito ergo sum”, “pienso y luego existo”, dijo el filósofo sueco, René Descartes, considerado como el padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna. Él enfatizaba el poder del pensamiento humano como fuerza motriz de la materialización de las aspiraciones, sueños y anhelos. Esta idea no está lejos del propósito de Dios. Él desea que alcances tus metas, pero que lo hagas de su mano y para su gloria.

Al final del día, podemos concluir que nuestra mente es el asiento de nuestra alma, y que estamos llamados a cuidar de ese lugar como quien cuida un templo, donde solamente debe entrar la luz de Dios para iluminar nuestros pasos por esta tierra.

Decide traer a tu mente pensamientos que te construyan. No traigas a tu me- moria cosas pasadas que te lastiman o palabras negativas que otros han confesado sobre ti. No recibas ideas negativas. Tú tienes el poder de decidir qué entra o no a tu mente.

«…No recuerden, ni piensen más en las cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y ya he empezado a hacerlo…». Isaías 43:18-19 TLA

Nuestro Padre ya hizo las cosas nuevas para nosotros, pero para poder disfrutarlas, tenemos que dejar de mirar atrás, tenemos que renunciar al pasado, y renunciar al pacto con las memorias que nos atan.

Martín Lutero dijo: “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que hagan nido en ella”.

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